miércoles, 21 de julio de 2010

Lo que el viento se llevó por Ramón Alcaraz García

Breves apuntes sobre la película

Lo que el viento se llevó


Lo que el viento se llevó es la película que bate más récords en la historia del cine. 70 años después de su rodaje, su nombre apareció entre las tres mejores cintas rodadas en la historia de la cinematografía, junto a Ciudadano Kane yCasablanca. A principios de 2010, un estudio determinó las películas más taquilleras de todos los tiempos, teniendo en cuenta el cambio de moneda. La primera fue Lo que el viento se llevó seguida de Casablanca. En ese momento, la película más taquillera en pantallas era Avatar, que figuraba en la posición 26

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Lo que el viento se llevó es la obra de un productor: David O. Selznick. Una película colosal en todos los sentidos: por su repercusión, por su coste, por los detalles de su realización y la aventura que supuso llevarla a cabo. Baste decir que el tiempo que se tardó en acabar esta obra es similar a la que duró la Guerra de Secesión norteamericana, más de tres años. Como curiosidad, trata sobre el conflicto entre yanquis y confederados sin mostrar un solo fotograma de batallas, sí de sus consecuencias. Una historia romántica situada en un marco histórico.

Y tras ella, el productor David O. Selznick, que llegó a decir: “Todo en Lo que el viento se llevó, sin excepción resultó como yo quería que fuera”. Victor Fleming, uno de los directores (el único que apareció en los títulos de crédito), llegó a decirle: “Esta es tu película, David. Estoy haciendo exactamente lo que me dices que haga”.

Entre los directores que pasaron por las manos de Selznick en esta superproducción, contamos a Víctor Fleming, George Cukor y Sam Wood. A ellos añadimos el nombre de William Cameron Menzies, que realizó previamente el diseño de producción con un story-board(dibujo plano a plano) completo y detallado de cada secuencia desde diversos puntos de vista (algo inusual en una película que no es fantástica de animación ni un musical). La técnica la copiaron de Disney, que por aquel entonces había trabajado en Blancanieves y los 7 enanitos. A estos nombres de directores debemos unir otros que realizaron funciones de dirección, al frente de hasta 12 unidades de rodaje. De ellos, solamente Eric G. Stacey figura como ayudante de dirección. Ni siquiera Sam Wood (competidor ese año por el Oscar al mejor director por Adiós Mr. Chips) ni George Cukor (director de Historias de Filadelfia,Nacida ayer, La costilla de Adán...)

En 1939, lo normal era que, cuando se decidía un proyecto, un director aprobaba el guión, realizaban algunas correcciones, rodaban la película y dejaban el montaje a los montadores. Si es difícil encontrar un rodaje con más de un director, en esta llegamos a contar 4 principales y 12 más que cumplieron esa función. Y más de 15 guionistas: con decenas de bocetos, estudios, libretos, listas y guiones sin ultimar. Y un casting a más de 1.400 actrices... Y todo: producción, dirección, elección de actores y montaje bajo la estricta supervisión de David Selznick.

La novela de Margaret Mitchell

006novelaSelznick se hizo en 1936 con los derechos de la novela del mismo título, publicada ese año con un extraordinario éxito de ventas. Nada más salir, vendió 10.000 ejemplares, que se ampliaron a 200.000 en tres semanas y superaron el millón de ventas en 6 meses. La concesión del Premio Pulitzer en 1937 acrecentó aún más su prestigio. Es una de las novelas más vendidas de la literatura, y un símbolo y referente en los Estados Unidos, la única obra que escribió su autora, fallecida en 1949 atropellada por un coche. Este libro tiene muchas similitudes con “Matar a un ruiseñor” de Harper Lee, también llevada al cine, única obra de gran éxito, ganadora del Pulitzer un año después de su publicación y de ambiente sureño, aunque de otra época.

Margaret nació en 1900 en Atlanta. Fue una niña de salud delicada por un accidente de equitación, agravado con artritis. En 1926 se torció su tobillo malo y ello la obligó a permanecer en casa. Para ocupar el tiempo, decidió escribir una novela sobre Atlanta en la Guerra de Secesión. La comenzó sin ninguna preparación previa, sin estructurarla ni pensar en los personajes. Lo único que sabía era a dónde quería llegar, el final. Y por eso comenzó por el último capítulo y así fue de atrás hacia el inicio; escribiendo durante 10 años con lentitud debido a la artritis que limitaba la movilidad de sus m004margaretmitchellanos. Respecto al título, la editorial desechó todos los que fue inventando la autora: Mañana será otro día, Verdaderos sonidos de corneta, No es nuestra estrella yLlevad la pesada carga. Hasta que se encontró en un poema de Ernest Dowson un verso que decía Lo que el viento se llevó. El libro sumaba 1.037 páginas y pesó más de un kilo al editarse. A los pocos meses, dos fábricas trabajaban produciendo libros en tres turnos de 8 horas: 3.700 ejemplares diarios que apenas bastaban para satisfacer la demanda. Se hablaba de él en las calles, en los sermones de las iglesias, en los chistes de la gente... En su primer año de ventas, Mitchell ganó más de medio millón de dólares. Incapaz de asumir la fama, la escritora se negó desde el primer momento a dar entrevistas ni a posar. Ese fue su primer y único libro. Y nadie la pudo convencer para que escribiera la segunda parte de la historia. Su novela es el best-seller más vendido, traducido a 27 idiomas.

007novelaCon más de mil páginas, la adaptación al cine de “Lo que el viento se llevó” suponía un gran trabajo. Otra curiosidad es que, pese a contar con la sucesión de muchos guionistas, no se llegó nunca a un guión definitivo, y sí a una serie de bocetos, proyectos y revisiones de libretos. En todo aquello, el único punto en común era la intervención constante y omnipresente de Selznick, el único que desde el inicio tenía claro cómo sería la historia filmada.

Dado que, por extensión, no se podía incluir todo el libro en la película, se suprimió el abundante contenido político reflejado tras la época, con referencias al problema racial. Esta frase de la novela es indicativa de lo que la película no reflejó: “Los negros, apoyados por la bayonetas yanquis, eran los dueños de la situación”. Tampoco hay mención al Ku Klux Klan. Esos cambios dieron más protagonismo a Tara, que cobró más relevancia que en el libro como metáfora de la tierra, de las raíces, de todos los valores sureños ensalzados tras su derrota.

Si como director apareció solo Víctor Fleming en los créditos (por una cuestión de porcentaje y de imposición del propio Fleming), como guionista reconocido estuvo Sydney Howard, autor del primer libreto. El motivo fue que falleció antes de concluirse la película, en un accidente de tractor. Fue también la primera persona en recibir un Oscar a título póstumo. Howard también había ganado el Pulitzer. Margaret Mitchell se negó a trabajar en el guión.

Para ese guión (que nunca llegó a ser tal) se alternaron muchas combinaciones; Howard trabajó solo al principio, después con Cukor, con Ed Sullivan y hasta 15 nombres más, entre ellos F. Scott Fitgerald. Todo era un mero trámite técnico para ajustar el libro a la idea de Selznick: “Mientras sobreviva, lo tendré todo controlado: el film está en mi 009mgmmente de principio a fin”. Todo este lío de versiones es lógico si pensamos en la multitud de directores. Cuando Cukor fue cesado, Fleming pidió una revisión completa del libreto. El nuevo guionista contratado (John L. Mahin) fue echado por Selznick porque creer que era un espía de la Metro-Goldwyn-Mayer.

Pero incluso antes de que Howard iniciara su trabajo, la secretaria de Selznick y las empleadas de su oficina realizaron una detallada disección de la novela, con una relación detallada de todos los acontecimientos e índices por caracterizaciones, vestuario, personajes, escenarios, relaciones... Antes de un guión “oficial”, había en el estudio diez guiones de consulta; que Selznick completó con la petición a todos sus jefes de departamento con toda clase de listas de objetos, actores, trajes y todo lo que aparecía en la novela. Así, se determinó que se tendrían que confeccionar los 5.500 atuendos diferentes que aparecían en el libro. En cuanto a la moda, se diferenciaba la anterior a la guerra, con amplios y esplendorosos vestidos, de la época posterior a la guerra, donde la carestía obligaba a usar cualquier objeto como adorno. Sólo con los decorados, el coste igualaba el previsto para todo el rodaje. ¡Y quedaba un año para iniciarlo!

El actor

008gableClark Gable fue desde el inicio del gran candidato al papel de Rhett Butler, por su gran fama en aquel momento. Su papel en San Francisco se asemejaba al de Rhett: un hombre marginal, orgulloso, duro y con cierta clase aunque vulnerable por su amor hacia una mujer. A mediados de 1937 ya era firme su participación; aunque había un problema, estaba contratado por la Metro Goldwyn Mayer. Esta intentó negociar para comprarle a Selznick los derechos de la novela, a lo que este se negó. La segunda propuesta sí fue aceptada, cederían a Gable a cambio de invertir en el proyecto y llevar ellos la distribución. Ello obligó a Selznick a posponer el inicio oficial del rodaje has017storyboard4ta enero de 1939, ya que tenía comprometida la distribución de sus películas hasta el fin de 1938 con la United Artists (la compañía creada por Charles Chaplin). Si no se conseguía llegar a un acuerdo con la Metro para contratar a Gable, se barajaron las opciones de Errol Flynn y Gary Cooper, condicionados respectivamente a acuerdos con la Warner Bros. y Samuel Goldwyn. El contrato de Gable obligó a la preproducción efectiva más larga de la historia del cine (no debida a cuestiones técnicas de filmación): casi dos años; lo que afectó mucho al coste total y a los graves problemas que sufrió el productor para conseguir llegar a finalizarla. Selznick no quiso perder todo ese tiempo y por ello aprovechó para que se realizara tanto trabajo de guión 018storyboarde incluso el pormenorizado desarrollo delstory-board. Como consecuencia de ello, tres meses después de iniciar el rodaje oficial se le acabó el dinero. La MGM quiso de nuevo quedarse con la película, lo que no consiguió gracias al apoyo de algunos conocidos del productor.

La actriz

Todo lo “fácil” que fue elegir a Gable para el papel masculino (por aclamación como rey de la taquilla de aquellos años, un 98% se lo asignaban a él), lo tuvo de dificultad encontrar a la actriz protagonista: la famosa Scarlett O’Hara. Toda la nación ansiaba conocer su nombre, y todas las estrellas de la gran pantalla y miles de desconocidas fueron consideradas para realizar el papel que al final le fue dado a una desconocida británica llamada Vivian Leigh.

Hasta entonces, millones de lectores de la novela escribieron al productor para indicarle qué actriz era la perfecta Scarlett. A ello se sumaban las llamadas de representantes, agencias y actrices. Ante la presión, la misma Margaret Mitchell pidió públicamente que cesara la avalancha de cartas y telegramas para influir en la elección de la protagonista.

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Selznick mandó equipos por todo el país. Ninguna joven podía escapar a la posibilidad de ser la elegida: Este, Oeste, Norte y Sur fueron recorridos por sus enviados: institutos, compañías profesionales y de aficionados, universidades...; en cualquier lugar podía estar la ansiada Scarlett. En un día, en Atlanta, el equipo vio a 500 chicas. Este telegrama da idea de aquello: “Estamos en Atlanta, atricherados en nuestras habitaciones. Llegan señoritas en manadas. La mayoría son madres bien alimentadas que se podrían haber quedado en su casa; las niñas de la buena sociedad se ofrecen a pagarnos por hacer de Scarlett, y todas las nanas del Sur quieren ser May. Me siento como Moisés en el desierto. Necesito una copa y en Georgia no se puede”.

Las anécdotas se sucedían. En la productora se recibió un gran paquete con una nota que indicaba: “Abrir inmediatamente”. De él salió una chica que fue a buscar al productor y comenzó a recitarle el papel mientras se desnudaba. En Navidad, Selznick recibió en su casa un paquete que simulaba un libro: Lo que el viento se llevó. De su interior salió una joven vestida de época que dijo: “Feliz Navidad, Mr. Selznick. Soy su Scarlett O’Hara. Fue, sin duda, el casting más extenso de la historia del cine. Un casting extraordinario que no encontró lo que buscaba.

 

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Como candidatas: Katherine Hepburn, Paulette Goddard, Bette Davis, , Joan Crawford, Paulette Goddard, Joan Fontaine, Jean Arthur, Lucille Ball, Carole Lombard, Claudette Colbert, Loreta Young, Ann Sheridan, Lana Turner... Se tardó tanto y había tanta expectación, que un chiste decía que nadie se preocupara, que Shirley Temple acabaría haciendo el papel (contaba entonces 10 años).033padres

Paulette Goddard fue la favorita de Selznick. Ella comenzó clases de dicción y se daba por segura. Cuando era inminente la firma, los medios se hicieron eco y un aluvión de cartas inundó la productora: amenazaban con boicotear la película. No se vería bien que le dieran el papel a una mujer que en ese momento era la querida de Charles Chaplin.

El día 10 de diciembre de 1938 todo estaba preparado para iniciar el rodaje en tres semanas. Todo estaba a punto..., excepto quién sería Scarlett O’Hara. Y si alguien cumplía 033actorleslietodas las condiciones para que no le dieran ese papel, esa era Vivien Leigh. Una desconocida, inglesa, tenía contrato en vigor en Londres, se temía que la gente (sobre todo los sureños) no verían bien a una extranjera en el papel, que además tendría el problema de imitar el acento del sur; y a todo ello se la sumaba lo más grave; la posibilidad de que se hiciera pública su relación extraconyugal con Laurence Oliver. Pero pesó más loque tenía a favor, y es que la elección de una extranjera y desconocida evitaría la posibilidad de una división de opiniones. Los del Sur, por ejemplo, jamás hubieran admitido a una actriz del Norte; e incluso vieron con simpatía a una inglesa, ya que los norteamericanos derrotaron a los ingleses para obtener su independencia. Un razonamiento difícil de entender, pero que dio tranquilidad a Selznick en su decisión.

 

Rodaje y montaje

El 10 de diciembre de 1938, Selznick quemó antiguos decorados para disponer de sitio donde construir los nuevos para su película. Aquel inmenso fuego le iba a servir también para escenificar el incendio de Atlanta. Los terrenos eran de su propiedad, y entre los decorados pasto de las llamas estaban algunos tan conocidos como Rey de Reyes(1927) y King Kong (1933).

Se levantaron paneles para simular edificios sureños y otras construcciones de la época. Pero incendiar unos antiguos decorados suponía un problema: solo se podían quemar una vez. Y se calculó que ese fuego no podría mantenerse más de 40 minutos. En ese tiempo, sin lugar a error, se debía filmar a Rhett y Scarlett escapando de las llamas, con todo lo que ocurría en escena y captando los diversos ángulos. Para rodar el incendio se emplearon todas las cámaras de Technicolor de Los Ángeles, y se quemaron 30 acres de terreno, el equivalente a 12 campos de fútbol. Existía el peligro de que un incendio tan intenso se descontrolase, por lo que el Cuerpo de Bomberos envió 34 unidades para que estuviesen atentas a cualquier incidencia. Lee Zavitz, en ese momento el mejor experto en efectos especiales, inventó un sistema para “acelerar” y “desacelerar” las llamas; una compleja red de dobles tuberías que lanzaba por un lado líquido inflamable y por otro agua. El fuego aumentaba o disminuía a voluntad.

 

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Selznick decidió filmar  en color, lo cual encareció y  complico aún más el rodaje. La primera película filmada en Technicolor a tres bandas había sido La Feria de la vanidad, en 1935, por lo que se trataba de una técnica recién nacida, cara y apenas empleada hasta el momento.

En cuanto a los escenarios, un equipo técnico viajó al sur para documentarse. Nada de lo que vieron les pareció digno para aquella película, por lo que todo se construiría a medida. Solo los paisajes naturales de Georgia se usaron de fondo para los créditos de inicio. Otros exteriores se rodaron en el sur de California.

Doce Robles, Tara y Atlanta se levantaron como decorados en Los Ángeles: casas, la estación de tren, el almacén de vagones, hospital, tiendas... Otro récord: el más grande decorado levantado para una sola película: 53 edificios y aproximadamente 3.000 metros de calles. Se cubrió el suelo de tierra (camiones cargados de polvo de ladrillo para simular la tierra rojiza de Georgia), se plantaron árboles (muchos se construyeron con postes telefónicos cubiertos de yeso) y trajeron arbustos de arándanos de Oregón, que simularon ser arbustos de boj.

La decisión de trabajar con decorados obligó a utilizar todos los efectos especiales de la época, con el uso de transparencias y fondos de paisajes, además de los decorados de interior. 048efectostecho2 047efectostecho1

 

 

 

 

 

 

 

Los de vestuario crearon casi 3.000 trajes, a los que  hay que añadir 1.230 uniformes del ejército confederado. Scarlett luce un traje a rayas que llevó al equipo de costura 3 semanas de trabajo. A ello unimos el diseño y elaboración de adornos, sombreros, accesorios, complementos, joyas... Los trajes de los años de la guerra se hicieron nuevos y se les envejeció con tratamiento de productos químicos, lija, cera, madera, polvo y piedras. Del vestido de percal que usa Scarlett se hicieron 27 versiones. Una labor titánica para el equipo de atrezzo, que tuvo que localizar y conseguir todo tipo de objetos de objetos.042wfaldas La escena más panorámica de la película es la que se ubica en la estación de tren, cuando Scarlett camina entre los soldados heridos. Para esa escena se necesitaban todos los extras que había en Hollywood. Selznick quería 2.000, pero solo unos 600 acudieron. No había bastante gente para sus pretensiones. La solución fue rellenar huecos con maniquíes. El sindicato de extras intervino y pidió que le pagaran por el trabajo que realizaban los muñecos. El productor se negó y llevó a cabo su idea. En la escena, unos 600 soldados, heridos y derrotados, se quejaban al tiempo que movían disimuladamente los monigotes que tenían cerca. Un buen efecto para la cámara que sube y se va alejando para darnos un plano amplio y general de la impresionante escena, con un primer plano de la bandera confederada. Otro plano “imposible”. Hacer eso requería una grúa de unos 30 metros; pero la grúa más alta de Hollywood apenas alcanzaba 8, casi la cuarta parte. Así que la productora alquiló una grúa de 25 metros a unos astilleros, para la que se construyó una rampa de cemento de 50 metros de largo que sirviera de plataforma. El resultado fue uno de los mejores y más espectaculares planos de la historia del cine. Al verlo, el marido de Mitchell dijo: “De haber tenido tantos soldados, habríamos ganado la guerra”.

El rodaje concluyó en junio de 1939, aunque por necesidades de montaje se continuaron filmando escenas ya tomadas. Esa fue otra tarea agotadora: el montaje. Durante el mismo también permaneció omnipresente la figura de Selznick. La cantidad de metraje resultaba extensísima. De más de 150.000 metros de película se debían quedar con poco más de 6.000. El copión de base duraba más de 6 horas, que pasó a 5 y al final a 4 y media. Con esta duración se proyectó una vista previa en Riverside, que aún sin la música (le pusieron la de El Prisionero de Zenda) obtuvo un éxito rotundo. Los presentes ya la calificaron como la mejor película que jamás habían visto. Es emotivo pensar en la gente que fue al cine y a la que por sorpresa les dicen que van a ser los primeros que van a presenciar en exclusiva el estreno que esperaba todo el país

Cuando el día 1 de julio se acabó oficialmente la filmación, Vivien Leigh había trabajado casi ininterrumpidamente durante 5 meses en jornadas agotadoras. El total de días trabajados por Vivien fue 125, mientras que Clark lo hizo en 71, Olivia en 59 y Leslie sólo 32. “Vivien” en realidad trabajo más, ya que en algunas escenas recurrían a dobles para simular que era ella

El montaje duró 4 meses de jornadas agotadoras, algunas de 48 horas, con Selznick estimulado con bencedrina y en medio de problemas conyugales. Se quitó la aparición del asesino de Lincoln en el teatro, la noche de bodas de Scarlett con George Hamilton, a un esclavo comiendo su propia barbacoa en Doce Robles, se acortó el incendio y se eliminaron todas las tomas de la caballería. Algunas voces fueron dobladas porque a Selznick no le gustaba el acento, como la hija de Scarlett. La duración final fue de 3 horas y 45 minutos.

La lucha por una palabra

Un problema anecdótico afectó a una frase que cita Rhett Butler: “I don´t give a damn”. Ese damn(similar a ‘carajo’) fue rechazada por la oficina Hays. Selznick tuvo que luchar hasta por esa palabra, que al final consiguió que se admitiera. La oficina Hays fue creada en los años 30 para efectuar la censura cinematográfica y vigilar que nada atentara contra la moralidad y las buenas formas. Prohibían conceptos tan “peligrosos” como la aparición de camas de matrimonio (daba igual si la pareja estaba casada), las relaciones extramatrimoniales o palabras malsonantes. Curiosamente, en Lo que el viento se llevó no tuvieron nada en contra con la escena de la violación de Rhett, pero sí con la palabra damn, que estaba prohibida desde 1933.

Se grabaron dos frases. Una decía: “Francamente, querida, eso no me importa”; pero Selznick tenía claro que esa frase era determinante para establecer a partir de ese punto la verdadera relación entre Rhett y Scarlett; y por eso la frase debía ser: “Francamente, querida, me importa un carajo”. Y no paró hasta que la estricta censura la admitió.

Los créditos

057creditos2También la presentación de esta película fue novedosa e introdujo importantes cambios. Hasta entonces, los créditos eran una sucesión rápida y práctica de nombres, con la mayor información en el mínimo espacio. Selznick quiso que el inicio fuera ya espectacular. Daba espacio a cada detalle, destacando el Technicolor, el nombre de Margaret Mitchell, los estudios, los personajes...; todos ellos con imágenes muy cuidadas de pinturas y escenarios de Atlanta y el Sur. Las palabras “Gone With058victorflemng3 the Wind” acapararon la pantalla, con las palabras que escribió el propio Selznick para acompañarlas: “...Una tierra de Caballeros y Campos de Algodón llamada el viejo Sur”. La discusión sobre si Gable o Leigh debía aparecer primero, la solventó Selznick dando prioridad al nombre de la autora de la novela, ese sería el primer nombre destacado.

 La música

Max Steiner compuso la música también contrarreloj. El resultado fue una partitura excelente; cuyo tema central, de Tara, es una de las melodías de cine más conocidas y más representativa del clásico Hollywood y del arte cinematográfico. El tema de Tara aparece en los títulos de crédito y en los momentos culminantes de la película. La música de Lo que el viento se llevó influyó determinantemente en la forma de componer las partituras a partir de entonces. Steiner no creyó muchas melodías diferentes para llenar un metraje tan largo, sino que trabajó con muchas variaciones melódicas a partir de unos pocos temas centrales, canciones tradicionales y música de la Guerra Civil Norteamericana. Es la melodía más famosa de la historia del cine y la que cambió la forma de componer para películas. Y no le dieron el Oscar.
El estreno

067estreno4La película se dio por terminada el 11 de diciembre, poco antes del estreno previsto en Atlanta para el día 15. Era tanta la expectación generada, que el gobernador de Georgia dio 3 días de festejos para dar la bienvenida a “mucho más que una película”. El viejo Sur se lanzó a las calles, con su gente ataviada con trajes de época. Se organizaron comidas, bailes, funciones musicales, desfiles, bandas militares... Una banda interpretaba “Dixie” una y otra vez, mientras los actores iban desfilando una y otra vez en honor de multitudes hasta el centro de la ciudad. 74 años después del fin de la guerra, Atlanta recuperaba su orgullo.

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Los Oscars

070credito1939 La película fue nominada a 13 estatuillas. Recibió 8 más dos premios especiales: película, dirección (Víctor Fleming), actriz principal (Vivien Leigh), actriz de reparto (Hattie McDaniel), guión adaptado (Sydney Howard a título póstumo), fotografía, dirección artística, montaje (y los especiales a Menzies, diseño de producción, y Selznick por la producción).

075magodeoz2 Sin embargo, la partitura musical que hoy es emblemática del Séptimo Arte no fue premiada (fue para El mago de Oz). Tampoco obtuvo la de sonido ni efectos especiales. Tampoco Clark Gable como actor principal, que se llevó Robert Donat (Adiós, Mr. Chips).

William Cameron Menzies, director ”teórico” de la película con su elaborado story-boardsecuencia por secuencia, fue reconocido con un Premio Especial por su trabajo, ya que no existía la categoría Diseño de producción.

Las 13 nominaciones y 10 premios adquieren mucho valor si pensamos que 1939 se considera el mejor año de la historia de la cinematografía en cuanto a las películas que se rodaron. Varias películas de ese año hubieran ganado sin problema el Oscar a la mejor película de no haber competido contra Lo que el viento se llevó: Adiós Mr. Chips, Caballero sin espada, La Diligencia, Ninotchka, Cumbres borrascosas, El Mago de Oz, Amarga victoria, Tú y yo... El Oscar de reparto lo obtuvo Hattie McDaniel, la Mammy de Scarlett. Fue la primera persona afroamericana que ganó un Oscar. En esa categoría compitió con Olivia de Havilland.

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Paradoja: obra maestra del cine y ruina económica para su productor

En 1936, cuando Selznick se hizo con los derechos de la novela, tuvo en mente una película de dos horas y media, para la que destinó un presupuesto de dos millones de dólares. Un año después, no había fecha de inicio de rodaje, no sabía el reparto y no le quedaba dinero. Además, el primer boceto de guión de Howard contaba con 400 páginas, lo que equivalía a una duración de unas 6 horas. El propio Selznick se dedicó a revisar el libreto, y con ayuda de otro guionista decidió sacrificar a personajes secundarios y eliminar las escenas de batallas. La guerra quedaría como trasfondo, sin imágenes de combates. A medida que avanzaba en elaborar un guión definitivo, el productor se daba cuenta de que necesitaría invertir más en efectos especiales, para los que necesitaría grandes sumas. Pese a sus problemas, desestimó una y otra vez ceder o vender los derechos a otras productoras, en particular a la Metro-Goldwyn-Mayer, que no desaprovechaba cualquier oportunidad para quedarse con la película.

Dado que Atlanta desapareció bajo el fuego en 1864, tuvieron que recrear los decorados de una ciudad de la que apenas tenían documentación. Eso suponía más esfuerzo y trabajo. Con la presión añadida de Margaret Mitchell, que impuso representar fielmente su novela.

El contrato de Clark Gable puso por fin fecha al inicio oficial del rodaje: enero de 1939; casi 3 años después de iniciar aquella aventura. Al actor le pagaría Selznick 4.500 dólares a la semana y un extra de 16.666 dólares. En realidad, Gable no quería interpretar ese papel, y la forma de convencerlo fue más dinero para costearte el divorcio de su mujer y poder casarse con Carole Lombard. El productor Mayer le dio 50.000 dólares, de los que un tercio lo pagó Selznick.

Cuando el rodaje se acercaba, Selznick contrató a una docena de guionistas para acabar de pulir la historia y que quedara en una extensión adecuada. En realidad, nunca hubo guión.

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Al poco de comenzar el rodaje, Selznick volvió a quedarse sin dinero y se vio obligado (para no  ceder la película a la METRO) a vender parte de los derechos a Bank of America. En febrero de 1939 estaba sin director (había echado a Cukor) y, ante la falta de guión, Selznick 043georgecukordecidió encargarse personalmente de escribirlo. Al llegar Fleming (que lo sabia), dijo textualmente: “David, tu guión es una puta mierda”. La situación en ese momento fue caótica para el productor, sin dinero, sin guión, sin director y con un equipo de rodaje completo esperando, sin hacer nada, con un coste de 50.000 dólares cada día que pasaba. La prensa, que había seguido y apoyado hasta entonces el proyecto, comenzó a ser crítica y a llamar a la película “La locura de Selznick”.

El productor decidió comenzar por el inicio, y buscó a otro guionista: Ben Hecht. Victor Fleming aceptó el trabajo de director. Así que Selznick, Hecht (que ni siquiera se había leído la novela) y Fleming se encerraron para dar forma definitiva al libreto inicial creado por Howard. Transcurrida una semana de trabajo extenuante, a Fleming le estalló una vena del ojo y Selznick sufrió un ataque que lo dejó en trance. Hecht trabajó una semana más y decidió abandonar el trabajo. Selznick le ofreció 10.000 dólares por quince días más. El guionista se negó y dijo que no había dinero en el mundo para pagar aquel trabajo que lo esclavizaba entre 18 y 20 horas al día.

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Victor Fleming

El rodaje siguió con continúas disputas de Selznick y Fleming por cualquier detalle sobre los trajes, el guión, la pronunciación o las imágenes. Como al productor le parecía que la calidad visual de la película no era la que él quería, ordenó teñir de rojo varias hectáreas de las afueras de Los Ángeles para volver a rodar las localizaciones de exteriores. Selznick entonces prácticamente no dormía. No le bastaba con aquel descomunal trabajo, sino que preparaba futuras producciones, una de ellas la primera película de Hitchcock en Norteamérica: Rebeca.

Pero no era él solo, todo el equipo trabajaba a un ritmo frenético; incluso el director. Y Fleming acabó diciendo basta y pidió la renuncia. Se marchó dos semanas y fue sustituido por Sam Wood. Un pulso para imponerse a Selznick, después reanudó el trabajo hasta el final

La distribución la anunció como “La Película Más Grande de la Historia”. Generó todo tipo de productos: botones con forma de libro, sujetalibros con las figuras de Gable y Leigh; pajaritas de Rhett, camafeos de Scarlett, perfumes, sombreros, calendarios, juegos, rompecabezas...

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Pero todo eso ya no pertenecía a Selznick. Había gastado más 4 millones de dólares en la película, y en esa época era muy difícil que una cinta recaudara siquiera 1 millón en taquillas. Los analistas vieron muy complicado que el productor obtuviera beneficios. En 1940, los asesores fiscales aconsejaron a Selznick que se disolviera la Selznick Internacional para solucionar sus deudas y problemas con Hacienda, y también le aconsejaron que vendiera la película porque él ya le había sacado todo lo que podía. Selznick vendió su parte por 400.000 dólares, y la Metro Goldwyn Mayer (por fin) compró además el resto por 2,4 millones de dólares.

Aquella operación, que para cualquier película ya estrenada hubiera sido un éxito para el vendedor, fue para Selznick el peor negocio de la cinematografía. Hasta 1943 la película siguió proyectándose y obtuvo en sus primeros cuatro años 31 millones de dólares. Esa cifra no es que fuera espectacular, sino un hecho extraordinario, sin precedente en la industria del cine.

A partir de entonces, la Metro convirtió Lo que el viento se llevó en una especie de “escudo” con el que salvó las situaciones difíciles de los años posteriores. Y así, cada temporada que le iba mal, que generaba pérdidas o no conseguía un éxito de taquilla con sus producciones, proyectaba la historia sureña y lograba mantenerse a flote.

En 1942 la repuso para animar a las tropas y la anunció con la siguiente frase: “No habrá visto realmente Lo que el viento de llevó hasta que no la vea dos veces”.

Entre 1947 y 1948 recaudó 9 millones más.

En 1954 se aprovechó la llegada de una nueva generación (habían pasado 15 años) y se publicitó con la frase: “¿Cuántas veces ha visto lo que el viento se llevó?”. La acogida fue tan grande por el nuevo público que la película ya no era el producto de un momento, sino el legado atemporal para el pueblo norteamericano, que deberían disfrutar todas sus generaciones.

El 1961, poco después del fallecimiento de Gable y coincidiendo con el aniversario de la Guerra de Secesión, la Metro la volvió a reestrenar.100selznickmayor

David O. Selznick se acordó, por supuesto, de aquellos asesores fiscales que le aconsejaron que vendiera la película, y manifestó sus deseos de estrangularlos con sus propias manos y a sangre fría. En 1963, ante la insistencia de la METRO, Selznick les cedió el único derecho que le quedaba (por el que había estado pagando a la familia Mitchell durante todos esos años); ese derecho era el de que la película se pudiera llevar a la televisión y a los teatros. .

El 1965 falleció Selznick. Los titulares de los periódicos anunciaron la noticia de la forma que él temía, y que no hacía justicia a lo que la película le había dado a él: “Muere el productor de Lo que el viento se llevó”.

Más curiosidades

En 1967, la Metro reestrenó la película en Nueva York y se mantuvo en cartelera durante casi un año, en el que ganó en ingresos a la recién estrenada 2001: Una odisea del espacio.

El 1976, la Metro vendió la película a la televisión. La NBC pagó 5 millones por una única emisión, que obtuvo una audiencia de 110 millones de espectadores. El 1977 la CBS pagó 35 millones por su difusión televisiva en 20 países.

El 1985, el multimillonario Ted Turner (fundador de la CNN, y nacido en Atlanta) compró la MGM. En 1989 se gastó 250 mil dólares en restaurar Lo que el viento se llevó con las características de color originales. Por primera vez, 50 años después de su estreno, se pudo ver en el cine tal como Selznick la había ideado.088estreno1989

 Aunque las películas con más candidaturas a los Oscars sean Titanic y Eva al Desnudo (ambas con 14), Lo que el viento se llevó estuvo nominada a 13 y recibió dos premios especiales; por lo que ha sido la película con más reconocimientos y la segunda en la obtención de Oscars: 10; solo superada por los 11 premios de Titanic, Ben Hur yEl señor de los anillos.

(Escena Eva al desnudo)

Parece ser que, además de las desavenencias con Selznick por realizar cambios en el guión. Cukor fue despedido ante la presión de Clark Gable, a quien le incomodaba la reconocida homosexualidad del director; no por serlo, sino al parecer porque Cukor conocía los detalles de una relación del pasado de Gable con el actor William Haites, una relación fruto de una sola noche causada por la embriaguez, ya que los amigos de Gable insistían en que no tenía inclinaciones homosexuales. Como venganza tras marcharse, Cukor dirigió ese mismo año una película interpretada solo por mujeres y titulada así: Mujeres, entre ellas varias candidatas a protagonizarLo que el viento se llevó (si es que había una sola actriz en Estados Unidos que no lo hubiera sido): Joan Crawford, Norma Shearer, Rosalind Russell, Mary Boland, Paulette Goddard, Joan Fontaine, Lucile Watson, Phyllis Povah, Margaret Dumont, Ruth Hussey, Marjorie Main, Virginia Weidler. En el rodaje de Mujeres no hubo ni un solo hombre.

Después de ser despedido Cukor, Vivien Leigh y Olivia de Havilland (cada una por su cuenta) visitaban la casa de Cukor para recibir consejos y practicar los diálogos. Cukor fue elegido para la película precisamente por su excelente capacidad para la dirección de actrices.

La historia de Scarlett O´Hara ocupa 12 años de su vida. En la novela aparecen al menos 150 personajes con frase.

La primera escena fue rodada con Scarlett vestida con un traje de muselina verde. Esa escena se volvió a rodar una vez acabado el rodaje, ya que el blanco daría más credibilidad a los juveniles dieciséis años de la protagonista.

La escena en la que Rhett sube por las escaleras a una enfurecida Scarlett tuvo que ser rodada una y otra vez; hasta el punto de que Gable comenzó a acusar agotamiento. Fleming pidió una última toma para terminar. Una vez concluida, le dijo a Gable: “Gracias, Clark. La verdad es que no necesitaba esta toma. Es que había apostado a que no serías capaz de subir una vez más”.

La escena más famosa, la de Scarlett al amanecer jurando que jamás volvería a pasar hambre, se rodó en exteriores, a unos 100 kms de los estudios y, por supuesto, en la primera hora de la mañana. Salían a las once de la noche, después de la intensa jornada de rodaje para llegar y prepararlo todo. Pero el cielo no acompañaba para ofrecer esa impresionante aurora anaranjada que se buscaba. Después de varios viajes infructuosos, el 23 de mayo se encontraron con un amanecer perfecto. Fue una gran suerte, porque además se produjo a las 2 de la madrugada, una hora absolutamente inusual en aquellas latitudes.

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 Escena de Scarlett al amanercer (Pincha)

Los caballos de Leslie y Rhett en la película eran estrellas de espectáculos del oeste. Black Chief, el caballo de Rhett Butler, era la mejor montura que se podía tener en el país.

Clark Gable expresó que, de todas sus actuaciones, Rhett Buttler era el personaje al que le tenía más manía.

Selznick encargó una escena a Howard, el guionista, que la escribió y se la envió. Un día se vieron y Selznick le pidió otra mejor. Howard le preguntó: “¿Qué cambiarías de la que te envié?”. A lo que respondió: “es que aún no la le leído”. Eso da idea de cómo pensaba Selznick.

Los nazis prohibieron la película, en Alemania y todos sus territorios ocupados, ya que vieron en Scarlett un símbolo de libertad y resistencia; las mismas cualidades por las que fue muy admirada en Inglaterra.

Max Steiner compuso tres fragmentos musicales que sonaban antes de la película, en el intermedio y el final, con lo que su duración superaba las cuatro horas.

Comentario del Canal TCM  (Pincha)

Lo que el viento se llevó es, con diferencia, la película que han visto más espectadores desde su estreno. Con más de dos mil millones de entradas vendidas, y una recaudación que (calculando el cambio del dólar desde 1939) es también la mayor. Es, 70 años después de su estreno, la película más vista y más rentable de la historia del cine.

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Texto escrito por Ramón Alcaraz García

Editado por Juan Manuel Rodríguez de Sousa 

 

lunes, 19 de julio de 2010

Anni B Sweet

Si el verano pasado Bruce me espoleó la mente durante más de doscientas horas increíbles rock y baladitas románticas que me enamoraron el pellejo, este año es Anni B Sweet quien me ha puesto los vellos de punta con sus canciones. Canciones dulces de un folk-pop que te hace vibrar con un sonido de ensueño. Ana es una chica malagueña que estudió en un colegio británico y que, desde pequeñita, (se le nota) entonaba melodías en su cerebro azul. Su primer disco Start,Restart,Undo se compone de doce canciones que nos dicen mucho de la madurez artística de esta chica. Me encanta disfrutar con sus letras, y su timbre de voz tan peculiar. (Y, no, no es una copia de nadie). Me encanta desgranarme como el azúcar en el café mientras la escucho; su voz me endulza el ánimo.

martes, 13 de julio de 2010

Octopoda

a Paul



A los reyes de oriente

les voy a pedir un pulpo

mágico

para que me acierte

donde plantar el corazón

y las entrañas,

y las caricias,

(los besos),

y tu voz pintada.

jueves, 8 de julio de 2010

Este jueves un relato de amor: Muralla china

Muralla china

Ataques de lirismo

No quise. Más que nada porque intuía, que en un futuro, te fuera a ser imposible perdonarme. Quizás porque a mí me cueste, quizás también porque en ese momento no te exigí que, a mi vuelta, siguieras existiendo, siendo el mismo que acariciaba por las noches entre mis dedos silenciosamente. Ese silencio tan buscado y que tú sólo sabes fabricar. Ese silencio que tan sólo yace en tus ojos, donde es posible ver el mar de Málaga. Esos ojos de lo que presumes y que yo he ungido de tristeza con una idea necia. Y esa idea no es más que un viaje demoledor, un pensamiento germinado entre los melancólicos domingos en los columpios del parque. O en los sábados de prosas encontradas, de versos interminables donde hacíamos reír a los poemas de Aleixandre y Salinas, dándoles continuidad y esperanza cómo huéspedes en nuestras mentes, materializándolos en nuestro aire azul. Y en aquel cielo de gaviotas y diamantes de mar, de lunas lorquianas me atreví a morder el fruto del árbol de la ciencia, despertándome en la tierra hostil de un viaje que sólo pretendía ver (con mis propios ojos, como los astronautas son capaces de ver una línea rojacasinegra en la tierra desde el cielo) nuestro amor. Ansiaba alejarme para conocer, pero entonces comprendí que había cometido el error de poner el amor a la misma altura que el tiempo y el espacio. Y también comprendí que ninguna línea delgada, por mucho que se extendiera, seria posible distinguirse desde tan alto y que tus silencios y tus ojos no pueden compararse con un lazo de piedra, de montaña. Océano. Lo que hay entre nosotros quizás yo no pueda explicarlo, quizás no haga falta decir nada, aunque ahora te escribo diciéndote esto, amigo mío, para que entiendas mi error y me comprendas, me perdones, y para que en el próximo viaje, me acompañes.

Más historias de amor aquí

jueves, 24 de junio de 2010

La cama

Son las cinco y media de la noche, de la madrugada, de la mañana. Tengo un sueño de espanto, es decir, no estoy seguro de si lo tengo o no. Estoy acomodado en el sofá, con el peso del portátil sobre una mesita blanca de hospital proletario. Me duele la espalda, y los ojos. La espalda de tanto comer Los ojos de tanto leer, de tanto mirar a la pantalla, de tanto notar la cama revuelta. Porque mi cama se ha convertido en un ala extraespacial de un mercadillo. Yacen libros leídos a los que debo una reseña, yace por ejemplo un libro de cuentos de Cortázar, yacen también dos tomos gigantes de Historia Medieval. Descansan discos de Amaral, de Ray Charles, de Bruce Springsteen, botellas de agua vacía, restos de pizza adheridos al plato de la cena que ya temporalmente casi ha pasado a formar parte del almuerzo. Se hallan también un ventilador, varios cojines inútiles y restos de basura, por así decir, aunque no exista otra forma de decirlo, y también porque lo peor no es la basura, lo peor es que todavía no he terminado esta reseña de Borges, ni de Italo Calvino. Ni tampoco la de Laura Esquivel y su agua para chocolate, ni tampoco me deshice del viaje del elefante, ni de los pensamientos de Adriano, ni de los poemas de Altolaguirre, Hierro, Aleixandre y Rojas. Por no hablar ya de las películas. Por eso hoy me he puesto en el ordenador Indiana Jones y Tomb Raider, a ver si despejaba la mente para mantenerla en blanco. Por lo que he podido comprobar, la maniobra no ha funcionado del todo. Mañana probaré con la segunda parte. Por hoy, nada más, buenas noches (buenos días) y mucha suerte.

jueves, 20 de mayo de 2010

El vagón de las historias

Uno de esos textos que los escritores no deberíamos mostrar


Me encuentro en una estación desierta. He llegado cinco minutos después que se fuera el último tren. Debo, por lo tanto, esperar a que llegue el siguiente. Por eso me he puesto a escribir, para no aburrirme. Estoy solo. // ¡Parece que voy a tener suerte! Se escucha los raíles de un tren, lejos… ¡Es en la dirección contraria! Todas las mañanas, las tardes, en aquella dirección contraria se dirige mi padre. Desde hace mucho tiempo. Y pienso también que no estaría mal matar el tiempo escribiendo, claro que sería más cómodo con mi neebook, un ordenador pequeñito que me hace carantoñas y al que nunca se le acaba la tinta, ni los folios para escribir. //Me conformo con un trozo de papel blanco, y casi me olvido del mundo, o mejor dicho, me olvido de todos menos de él. Ahí está frente a mí: no es más que un niño sentado de espaldas al asiento con la carita estampada en un cristal repleto de mierda. Juega con la luz que se refleja en un mayo vespertino, airosos años donde el calor todavía no ha comenzado a asfixiar, fresco y libre como se anunciaba en la primavera de los abuelos, miradas de otros tiempos que se esconden en el olvido, y que la memoria no alcanza, a veces, ni siquiera dándole de un tirón de orejas. A veces, también, me pregunto que poseerán las estaciones de tren, que siempre fascinan. Es curioso como siendo un tópico, un recurso tan viciado, los escritores sigamos cayendo en él, como caen las moscas cuando ven un fogonazo de luz ultra brillante. Y ese cristal me enlaza de nuevo con el niño jugando en el cristal sucio, un abanico de porquería que transforma la luz en un arco iris sucedáneo. Aún me pregunto si las ventanas de esta empresa de ferrocarril no se limpian por lo mismo, para ofrecer un recurso, un complemento que solo los romanticotes modernísimos y empalagosos podemos apreciar. // Y por fin, un ruido… el tren, esta vez en la buena dirección. Me levanto y elijo el asiento de lado, siempre me ha gustado viajar de lado, mirando al frente por uno de esos grandes ventanales. Con el culo estampado en el plástico, vuelvo a sacar el papel y continúo escribiendo, porque ya, a estas alturas no hay quién me pare. Lo mejor de las estaciones y los trenes es escuchar las conversaciones ajenas. Las miradas de los otros. Y te parece extraño como los problemas de los demás son tan similares a los de uno: “Hay que ir a Málaga para que te devuelvan el dinero… sí, que Mariano se quede en casa a cenar” Esas son las conversaciones que te intrigan, como también la actitud extraña entre un viejo verde y una mujer de mediana edad. Abrazos sospechosos, y palabras cortantes entre dos seres con alguna conexión que no consigo establecer. Y también me intriga si alguien como yo, (algún romántico de las estaciones) anda pendiente de mis gestos, de mis ojos tristes, del cansancio, porque ahora el pensamiento explota como un globo pinchado por una voz metálica: “Próxima parada…” Una voz que me obliga a bajar y abandonar el vagón de las historias.

domingo, 9 de mayo de 2010

Mi amigo Peter


Siempre me ha gustado volar en sueños, en la realidad de los ojos cerrados, en la oscura racionalidad de la infancia. Me duermo con la ilusión de vivir aventuras, con la intención de no olvidarlas en el desvelo. Esa es la razón por la que me vendo los ojos en medio de la calle, ando ausente. Ya me di cuenta desde niño que actuar como un adulto es un aburrimiento. Y por eso no quise crecer, ni aprender las manías de los mayores. No quiero andar recto, ni mirar el reloj, ni alcanzar la solemnidad que tanto detesto. Cada vez es más difícil resistir al empuje de la vida autómata que nos han marcado, el camino gris. Aunque todavía mantengo la esperanza. La esperanza de que un niño me despierte y me ofrezca la mano para saltar de la ventana y viajar al País de Nunca Jamás.

Recordando a J. M. Barrie en el 150 aniversario de su nacimiento.

jueves, 29 de abril de 2010

La niña que se llevó el arcoiris en una percha

(Para María)

Te fuiste junto al arcoiris mojado

(al norte)

que escondes en el armario

colgado no entre nubes sino perchas

por eso cuando vuelvas

(de la gran urbe de individuos grises)

pasea los colores grandes de niña pequeña

en el sur…

Y a mí

no dejes de darme un beso en la mejilla

uno azul en la derecha

y otro violetamistad,

en donde tú quieras.

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Juan Manuel Rodríguez de Sousa

Poemario inédito "La canción Sujeta"

sábado, 6 de marzo de 2010

Sábados Literarios de Mercedes "Un joven observa coches"


Doblo la esquina de la calle y me encuentro perdido en la inmensidad. Éste no es mi pueblo. Los árboles desaparecen, las casas blancas son ahora bloques de cemento que rozan el cielo. Miro a mi alrededor. Pasan por la carretera coches pintados de color amarillo, se paran cuando la gente alza el brazo. Es maravilloso. Siempre me pareció alucinante el mundo del automóvil. Yo no me subí en un coche hasta el mes pasado. Fue en el de mi tío, un nuevo SEAT recién salido del mercado. Había quedado con Claudia en la puerta del cine, la muchacha pelirroja que tanto me gusta. Quería impresionarla. Pero no estaba esperándome. Al llegar, decepcionado, compré las entradas y esperé sentado en uno de los bancos. No apareció. Desde entonces no la he vuelto a ver, es como si se hubiera ido entre los dedos de la mano, como la arena de la playa, como el recuerdo, como el viaje de llegar a esta ciudad que, siendo extraña, no me es desconocida. Creo haberla visto antes, quizás en alguna película. Me acomodo en un banco a pensar. No me vienen las ideas. Intento despejar la mente escuchando las voces de los transeúntes, entender su idioma inteligible que me llega a los oídos. De pronto, alguien grita. Alcanzo a ver a un joven de pelo rojizo que se me acerca dando zancadas. Me coge del brazo: abuelo, ¿qué haces en la calle? Hace frío, vámonos a casa.

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Más participantes del Sábado Literario de Mercedes

lunes, 1 de marzo de 2010

Amarillo

Todos los días de mi cara a cuajo
te arranco la mirada amarilla de perro.
Todos los días
el anillo que llevas quisiera
soplártelo a una casualidad inexistente de agujeros azules.

Alianza de amarilla sombra, de dorado brillo
que te convierte en ausente
en hilo débil
anhelo deseo trémulo de tocarte
cortado en mil pedazos.


sábado, 27 de febrero de 2010

UP IN THE AIR


Cuando Jason Reitman, el director de Juno y Gracias por fumar, leyó por primera vez la novela de Walter Kirn “Up in the air” sabía que disponía del material perfecto, confeccionado a su medida para dirigir una nueva película. El resultado es un empleado de una empresa especializada en reducciones empresariales. Ryan intenta alcanzar el sueño de acumular un millón de millas en vueltos corrientes dentro de una famosa compañía aérea. Es el mejor. Sabe que pronto conseguirá bautizar un avión con su propio nombre. Pero surge una amenaza. O mejor dos. La primera (Anna Kendrick) es una joven recién incorporada en la empresa que trata de implantar un sistema informatizado y virtual de despidos por Internet que acabará con la necesidad de transportar a los trabajadores de una punta a otra del país. La segunda, la mujer de sus sueños: otra viajera amante de los hoteles y de las tarjetas de fidelización de clientes. Vera Farmiga, a quien podemos recordarla por su papel en Infiltrados, se luce sensacionalmente, convertida en una delicia óptica. Y con este despilfarro de belleza el filme transcurre tranquilo, sin demasiados sobresaltos. Un guión bastante inteligente (que no talentoso ni original) logra manejar la curiosidad del espectador para llegar a un final no happy ending. Up in the air es una tragicomedia contemporánea con voluntad de entretener y llevar un mensaje implícito evidente. Demasiado. Los mejores momentos se viven en compañía. Mas, por muy bien que esté interpretada, George Cloney se siente como pez en el agua, no sería la película que me llevaría a una isla desierta, ni tampoco la metería en la mochila de las vivencias inolvidables. Creo que está sobrevalorada por la crítica. Es una peli bien hecha, de buena factura, pero se nota la ausencia de narratividad. Sin hechos de importancia y emociones que afecten de verdad a los personajes (y de paso a los espectadores) parece mantenerse a flote con un solo y buen planteamiento. Y ello es meritorio aunque acaba echando a perder una posible obra maestra. Creo que tenía potencial para lograrlo. Por el momento, ya se ha llevado un Globo de Oro al mejor guión adaptado. Y mantiene sus seis nominaciones a los Oscar.

Más información de la película

lunes, 22 de febrero de 2010

Crónica de un relato anunciado


El taller de construcción de relato se me hizo cortísimo. Dicen que en los cuentos hay que ser breves. Concisos. Lo primero es dejar claro el planteamiento y de ello se encargó un hada que dispuso de todo, no nos faltó ni agua. También se debe escribir alguna frase de gancho inicial. Así que nos fuimos a desayunar pensando en él. Sin embargo, nos resulto imposible. (Aunque aconsejen pensar mucho, muchísimo, no siempre es tan fácil). Al salir del edificio los árboles habían cambiado de sitio, la gente caminaba con miradas grotescas y nadie reconocía la calle por la que andaba. Más de uno se acordó de haber dejado el cuchillo en casa, paralizándose tras cruzarse con enormes serpientes. Los supervivientes escuchamos con risas y mofletes curiosos al profesor, ya que éste comenzó a dar la charla con un perejil pegado en el diente. Lo que ignorábamos es que después firmaría las sentencias de muchos de nosotros, sacaría la escopeta de una pequeña maleta en forma de ataúd y dispararía sin compasión. Demasiados personajes, historias… dijo. Y se escapó de un portazo, seguro de que nunca lo podrían detener pues el relato se centra únicamente en el crimen y sólo la novela –ausente en este caso– persigue al criminal.

Más crónicas en:

El Desván

Mercedes

Felisa

María José

viernes, 12 de febrero de 2010

Carta de amor a Seda (Baricco)

Seda,

Seda es algo aparte. No es un libro, porque aunque los libros pueden ser extraordinarios, seda es más. Seda es algo distinto. Seda se escurre entre los dedos de la visión, te atrapa con la finura de sus hilos líricos y te seduce. TE ATRAPA. Seda es una mujer con cara de muchacha. Seda es algodón escurrido en el vientre, en las manos, en la nariz. Seda huele a fresas, a limón, a melocotón en atardeceres de sueños felices. Seda es algo adolescente, una pasada; es algo maduro, una gozada; es algo viejo, eterna calma. Seda es tener sueño al comienzo de su lectura y llegar a la última página sin parpadear ¿Por qué se ha escurrido tan pronto las palabras entre las manos, los dedos, el pensamiento? ¿Por qué Seda es seda? Seda es desear quitar el libro de tu vista y que una fuerza terrible te retenga en la lectura, casi obligándote, flagelándote con cada frase. Exigiendo el olvido del cansancio corpóreo, trasladándolo entre las almohadas de sedas negras. Seda es el bien y el mal. Sorprendiéndote su fragilidad, tan grácil y elegante… tan monstruoso placer que no deja ni un respiro detrás de cada línea. Seda es clausurar y darte cuenta de que te estabas ahogando en la sed, de que el sueño se ha convertido en un mareo delirante y de que el reloj marca los minutos de un tiempo imprevisto en la madrugada lluviosa. Seda es viento. Seda es intimar en cada línea para no desviarse del placer literario. Seda es un viaje de un protagonista y un lector compinche. Seda es sorpresa final. Seda es decir: tan emocionado estoy con su lectura que no tengo miedo de hacer el ridículo, parecer cursi. Seda no me perdonará si no lo cuento. Seda es algo aparte. Seda no es solamente un libro. Seda ¿por qué tan corta? Seda es mujer con cara de muchacha. Seda, te volveré a leer. Seda, mil veces. Seda.


PD: Te leí y escribí esta carta el pasado año, no te olvido. Hoy, quiero recordarte, y también recordar quién era por aquel entonces.