Seda,
Seda es algo aparte. No es un libro, porque aunque los libros pueden ser extraordinarios, seda es más. Seda es algo distinto. Seda se escurre entre los dedos de la visión, te atrapa con la finura de sus hilos líricos y te seduce. TE ATRAPA. Seda es una mujer con cara de muchacha. Seda es algodón escurrido en el vientre, en las manos, en la nariz. Seda huele a fresas, a limón, a melocotón en atardeceres de sueños felices. Seda es algo adolescente, una pasada; es algo maduro, una gozada; es algo viejo, eterna calma. Seda es tener sueño al comienzo de su lectura y llegar a la última página sin parpadear ¿Por qué se ha escurrido tan pronto las palabras entre las manos, los dedos, el pensamiento? ¿Por qué Seda es seda? Seda es desear quitar el libro de tu vista y que una fuerza terrible te retenga en la lectura, casi obligándote, flagelándote con cada frase. Exigiendo el olvido del cansancio corpóreo, trasladándolo entre las almohadas de sedas negras. Seda es el bien y el mal. Sorprendiéndote su fragilidad, tan grácil y elegante… tan monstruoso placer que no deja ni un respiro detrás de cada línea. Seda es clausurar y darte cuenta de que te estabas ahogando en la sed, de que el sueño se ha convertido en un mareo delirante y de que el reloj marca los minutos de un tiempo imprevisto en la madrugada lluviosa. Seda es viento. Seda es intimar en cada línea para no desviarse del placer literario. Seda es un viaje de un protagonista y un lector compinche. Seda es sorpresa final. Seda es decir: tan emocionado estoy con su lectura que no tengo miedo de hacer el ridículo, parecer cursi. Seda no me perdonará si no lo cuento. Seda es algo aparte. Seda no es solamente un libro. Seda ¿por qué tan corta? Seda es mujer con cara de muchacha. Seda, te volveré a leer. Seda, mil veces. Seda.
PD: Te leí y escribí esta carta el pasado año, no te olvido. Hoy, quiero recordarte, y también recordar quién era por aquel entonces.