viernes, 28 de agosto de 2009

(Sábados Literarios de Mercedes). La vida de los blogs.


Esta vez conduce Mercedes desde la la nueva página donde encontrarás a todos los pasajeros que han participado esta semana. Saludos.

 

"Dad una máscara al hombre y os dirá la verdad."

  • Original: "Give a man a mask and he'll tell you the truth".

(Frase de Oscar Wilde)

 

LA VIDA DE LOS BLOGS

Tener un blog es fácil; no tenerlo, todavía más. Y lo curioso es que la mayoría de los blogs la palman por el camino. Con el tiempo siempre quedamos los mismos imbéciles. Los mismos que escribimos sobre el aire creyendo que alguien nos adivinará las señales de humo. Porque en los blogs se huele mucho humo, es decir: mucha basura y poca materia aprovechable. Mantener un blog es el acto más contaminante y antiestético que existe sobre la red. Reconozcámoslo, somos unos necios, unos pretensiosos. Adoramos los comentarios y adoramos los enlaces a nuestro blog. Nos sentimos importantes. Si algo especial posee un blog es que funciona como farmacia gratuita proporcionando esas monstruosas pastillas de egocentrismo que disparan las alabanzas. ¡No soy la cucaracha escondida bajo el sofá! Y ojalá lo fuéramos porque ellas no son tan demócratas como Blogger, (¡las cucarachas son una monárquicas!) y la democracia es defectuosa por nacimiento. Por lo tanto, los blogs suelen ser amorfos, inocuos, con jorobas de tres cuartas de alto y espinillas infectadas en su cumbre. En los blogs se publican tonterías, muchas tonterías. Algunos se creen periodistas en potencia. (Algunos nos creemos columnistas). Y es que durante estos dos años he aprendido que un blog es como la vida misma, una mierda que uno no se atreve a dejar de pisar. Cuando se nos canse el pie, será un pequeño descanso para el hombre, y un gran salto para la humanidad. De todas formas, si a la vuelta de la esquina está el beso, o las risas de los amigos, detrás de un enlace nos deberá esperar el artículo del día, o de la semana. Sigamos haciendo el chimpancé, entonces, en busca de ese post que nos libre de la tentación de tendernos bajo una lápida antes de tiempo. Sigamos albergando la esperanza de conmover a alguien (y ser conmovidos) con  la colilla apagada de un mamífero lejano, irreal que se esconde detrás de una URL cualquiera. Nunca se sabe, y de paso nos sentiremos mejor con nosotros mismos. ¡Qué vanidad! ¡Qué blog! ¡Qué frágil esperanza!

lunes, 24 de agosto de 2009

Mercedes vuelve al volante

Mercedes me ha robado las llaves y se ha llevado el autobús. (No te preocupes, estamos compinchados porque de esta forma hemos cobrado el seguro: la última vez nos chocamos un poquito y ¡no hacían otra cosa que ponernos excusas para no soltar la pasta! Lo que está entre paréntesis es invisible a las aseguradoras). Con el dinero de la indemnización hemos comprado un garaje muy grande exclusivamente para el bus fiestero de los Sábados Literarios de Mercedes. Todavía está en plena fase de decoración, pero seguro que se convierte en el garaje más chulo del barrio. Si deseas entrar para conocer el tema de la semana, o criticar la decoración, como buenas vecin@s, sólo tienes que pinchar aquí.

domingo, 23 de agosto de 2009

Se acabó la ciencia

Concluido el sábado (casi el domingo también), sé que algunos participantes no iban a poder leer hasta el lunes los textos. No os preocupéis, voy a dejar la foto de la lista en el lugar dónde está durante dos días: así resultará más fácil encontrar los sábados. Vuelvo a comunicar que las llaves esperan encontrar a un nuevo conductor. Quien desee participar que me lo diga mediante un comentario o un mensaje a mi correo electrónico. Si es alguien que hace mucho que no conduce, o que no lo haya hecho nunca, mejor.

Personalmente me he sentido muy arropado en la travesía en la que ha habido, como en muchos viajes, turbulencias extrañas. Ya hemos llegado a nuestro destino. Y aquí estamos, vivitos y coleando. Por mi parte quiero daros un consejo: (me voy a permitir este lujo ya que he sido el conductor) que los siguientes textos de los Sábados Literarios de Mercedes se cuiden más de tener faltas de ortografía, errores gramaticales o alguna incoherencia argumental grave. No se trata de que poseamos un estilo parecido al de García Márquez, o seamos tan ingeniosos como Roald Dahl. O escribamos con la corrección de un filólogo hispánico. Si hay algún error de palabra, no pasa nada. Si el estilo no es el más adecuado, tampoco. Si el relato es un aburrimiento, no siempre uno es tan ocurrente. (Y aquí me incluyo yo mismo)

Sólo os aconsejo lo que más arriba he dicho, ser un poco más cuidadosos. Sobre todo porque hay mucha gente que se esfuerza en participar y en escribir bien. La mayoría habéis sido unos gratos compañeros de viaje y creo que hemos aprendido mutuamente. La ciencia es para mí un campo minado de historias increíbles y enigmáticas. Un terreno donde pueden florecer obritas geniales.

Un abrazo a todos los científicos literarios.

sábado, 22 de agosto de 2009

Sábados Literarios de Mercedes: Los regalos navideños de Benjamín Franklin.

Los regalos navideños de Benjamín Franklin

Todos los años, en los primeros días de diciembre, Benjamin observa por la ventana de casa para cerciorarse que Sarah no ha vuelto todavía del internado de Nueva York.

El año pasado, Benjamín se mostró más impaciente que nunca, le tuvo preparada una sorpresa a Sarah. Se imaginó sus ojillos de niña traviesa, ansiando bajarse del carruaje cuando se hubiera percatado, desde lejos, del columpio balanceándose bajo el gran roble que él mismo le montó con sus manos. Justo la noche siguiente de haber terminado el columpio Benjamín, justo cuando sus ojos se anclaban en las montañas y descansaba del esfuerzo, se originó un rayo que marchitó de forma fulminante el techo del establo de la finca. Benjamín intuía que sería de mucha mala estrella que al árbol del columpio le cayera también un rayo y destrozara en un santiamén su regalo de Navidad. Sin embargo, cómo Benjamín era un hombre muy prudente, maquinó otro presente; por si acaso, se dijo con la ceja levantada. El segundo obsequio era una cometa pintada de rojo por los bordes y de azul con estrellitas en el centro. La unió con unos alambres blancos y la ató a un hilo de seda largo para que pudiera planear muy alto. Después de tanto ajetreo se volvió a sentar a esperar a su hija sin hacer caso de nada más. Pasaron los días y Sarah no aparecía. La mujer de Benjamín intentó calmar la preocupación de su marido con dulces navideños y con razones fundadas. Seguramente se le habrá estropeado alguna rueda por el camino. Pero él miraba el cristal de la ventana con ojos incansables. Era ya veinticuatro de diciembre y sus hijos William y Francis habían regresado desde Denver. Toda la familia estaba reunida en la nochebuena excepto Sarah. Cuado llegó la hora de repartir los regalos el envoltorio que revestía el regalo de su hija quedó intacto. Sus hijos que ya eran mayores se conformaron con los besos de la madre y los apretones de mano de un padre triste, acostado demasiado pronto. Durante toda la semana Sarah no apareció y no pudo compartir con su familia la celebración del año nuevo. William y Francis partieron hacia Denver dos días después inquietos por su hermana Sarah. La mujer de Benjamín comenzó a pensar en lo peor hasta que llegó una carta que confirmó sus sospechas: se habían encontrado restos de un carruaje a diez metros de la carretera Cincinnati-NewYork. No quedaban restos de nadie dentro del carruaje, se especulaba con la idea de que había sido un robo. Pero lo peor es que Sarah había desaparecido. Esa misma noche, Benjamín desesperado, desenvolvió por fin el regalo e izó la cometa con la esperanza de que su hija la atisbara desde lejos. Después de una hora agitándola, ató el hilo de seda a una gran piedra que había cerca del árbol y esperó, sentado en el columpio que rechinaba por primera vez, a que la cometa se desplomara por la falta de manejo. Y por arte de magia, un rayo que iba directo hacia el árbol se estampó contra la cometa. Benjamín, sorprendido, se dio cuenta que las tormentas no fulminarían el roble si instalaba una gran pértica metálica que absorbiera el rayo como había hecho antes la cometa. Así lo hizo con la intención de preservar el columpio, inventado de paso el pararrayos. Aunque quizás, lo que Benjamín intentó preservar solo fuera la ilusión de sentarse en una silla detrás de la ventana para esperar a que su hija volviera de Nueva York, como hacía todos los años.

Como hace todos los días en diciembre.

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Benjamín Franklin aparte de ser un gran político fue también un gran inventor. De entre muchos de sus inventos el que más destaca es el Pararrayos. Hizo la prueba con una cometa y pudo así demostrarlo científicamente. Los nombres de los hijos son reales. La imagen de la cometa, también. No me he parado a pensar si en aquellos tiempos se regalaba en Navidades. Todo lo demás es inventado.

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viernes, 21 de agosto de 2009

Lista de participantes del Sábado Literario de Mercedes

Mi antecesora Mimí me prestó las llaves, ahora me toca conducir a mí, y espero que alguien que no haya conducido nunca, o que simplemente haga mucho tiempo que no  amarra el volante, se anime a pedirme las llaves del bus. Prometo dejar los asientos limpitos
Por ahora, estos son los escritos que ya se han colgado. ¡Viva la Ciencia!

1) Misk

2) Gustavo

3) María José Moreno

4) Casandra

5) Susurros de tinta

6) Paola del Campo

7) Descubriendo Magia en las Palabras

8) Dorotea Fulde

9) Rodríguez de Sousa (Yo)

10) Markos Blues

11) Tésalo

martes, 18 de agosto de 2009

Sábados Literarios de Mercedes. Ciencia Cuentista.


Después de divagar entre algunas propuestas al final me he decidido por una que a mí me atrae enormemente. Se trata de utilizar la ciencia como instrumento literario. Al contrario de lo que algunos creen, conocer un poco la Física de Aristóteles, Los Principios y la Óptica de Newton… pueden sacar a la luz estupendos relatos. Se trata sobre todo de realizar un pequeño cuento en el que un descubrimiento científico, o la utilización de una técnica por primera vez sea el germen o centro del texto. Pongo un ejemplo para que os orientéis mejor, extraído de un libro que tengo sobre técnica literaria:

“El efecto de la velocidad no se advirtió hasta la invención del motor de combustión interna y los principios del transporte rápido. El 8 de septiembre de 1889, Mister Randolph Whig, de Surrey, llevó velozmente a su suegra a Londres en su nuevo automóvil. Para su alegría, llegó en la mitad del tiempo previsto, cuando apenas se había iniciado la conversación, y decidió estudiar el fenómeno. Después de la publicación de sus investigaciones nadie volvió a ir despacio.”


Cómo veis este un texto que trabaja sobre la invención del motor de combustión interna y la velocidad. Pero disponéis de un campo descomunal donde sortear vuestra imaginación. Os adjunto algunas iniciativas (seguro que a vosotros se os ocurren más chulas):

La manzana de Newton

La llegada de la luz a algún lugar perdido (Por primera vez)

La primera vez que pudo verse una persona por televisión

El terror de una anestesia por primera vez en una operación quirúrgica.

La relación virtual de una pareja que culmina en boda a través de Internet

La primera vez que una voz salió de un aparato de radio

 

Imagen del Sábado Literario de Mercedes

Podéis indagar también en la vida infructuosa de los científicos, en los que ellos pensaban, en sus quejas, en sus debilidades neuróticas para, si os sirven, enriquecer el relato. No tiene que ser totalmente realista, también es válido inventar cosas como hicieron nuestros amigos de esta semana literaria. 

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Mi antecesora Mimí me prestó las llaves, ahora me toca conducir a mí, y espero que alguien que no haya conducido nunca, o que simplemente haga mucho tiempo que no  amarra el volante, se anime a pedirme las llaves del bus. Prometo dejar los asientos limpitos.

Os sugiero que los textos no tengan una extensión superior a las 600 palabras.  

Normas para participar en los Sábados Literarios de Mercedes (La entrada es libre y gratuita).

(1) Encontrarás el tema que se ha propuesto en el blog de quien conduce. A ese tema le acompaña siempre una imagen. Cuando lo tengas preparado, cuelga tu relato en tu blog.
- (2) Has de hace constar "Sábados Literarios de Mercedes" en la entrada de blog. Colocar la imagen que ha elegido quien conduce es optativo. Pero es útil. Ésta, sirve de localizador dentro de tu espacio y del de todos quienes participan.
- (3) Manten tu entrada todo el sábado y a ser posible algunos días.
- (4) Avisa a quien conduce que tu entrada con el tema está colgada, el viernes por la tarde y a lo largo de todo el día del sábado y cuelga la dirección,  URL de  esa entrada en específico.
- (5) Quien conduce esa semana, primero ha consultado con la persona que llevaba el bus la semana anterior. Puede haber otros candidatos. Pero es la persona que suelta las llaves quien se hará cargo de resolverlo.
- (6) Corresponde a quien conduce y solo a esa persona, colgar las URL de todos los participantes. Hay, por consiguiente, que hacérselo saber.
- (7) Si conduces, cederás después las llaves. Pasarás información a quien te la pida. Harás anuncio, de quien sea sucesor o sucesora.Y no olvides, por favor, pasar las normas junto a las llaves.

sábado, 15 de agosto de 2009

La guarida del lobo. Sábados literarios de Mercedes: El grito libertador

Hoy conduce el sábado literario Mimí. La verdad es que no entendía muy bien qué poner y que no poner. Pero ahí va mi relato. Por intentarlo que no quede.

EL GRITO LIBERTADOR

Desde lejos, la pobre Angélica se avispaba más pequeña que nunca. Yacía dentro de un cubo de plástico transparente. El cubo medía 10 centímetros. Era un cubo perfecto, con las mismas proporciones de altura, anchura y largura. Angélica no estaba tan apretujada. Podría estirar su cabeza, tórax, y abdomen sin ningún inconveniente. Angélica era una mosca. Una mosca de laboratorio. Ella se preguntaba qué hacían esos señores de blanco, andando siempre con guantes desinfectados, mascarillas, jeringas, y gafas de bucear. Angélica comentaba que eran muy educados y trabajadores, pero algo guasones. Durante una semana le habían introducido dos moscas machos en el cubo. La mosca, tímida, se dejaba hacer lo que los otros le pedían. Antonio, que no era más que un vejete verde ávido de juventud la restregó con su labium y palpos auxiliares finitos y titubeantes; mientras Raúl, el jovencito, se encargaba de todo lo demás, poniendo a prueba la estabilidad de los halterios. Y es que a Angélica esto no le parecía incedente, al fin y al cabo, era una mosca Calliphoridae, es decir: una mosca puta. Además, ahora, en el laboratorio, le daban de comer exquisiteces. El único problema se encontraba en la cámara que los filmaba cuando practicaba el sexo con Antonio y Raúl. Su madre, que también era putilla de nacimiento, le había dicho que una puta nunca debe ser una actriz porno. Por eso Angélica estaba triste y en cuanto se le pasaba el gusto de los orgasmos (era multiorgásmica, cualidad inequívoca de la rama Lucina Cuprina Australiana) se rascaba la cabecilla con mucho ahínco. En el fondo del corazón deseó que aquel cubo cristalino se mostrara opaco para que nadie pudiera observarla en plena acción. El día siguiente y para sorpresa de Angélica, que le rezó a la virgen de los Dolores, la virgen que por otro lado la había proveído de las mayores golosinas cuando los fieles regalaban melocotón en almíbar al cura de la parroquia; para sorpresa suya, el cubo fue cubierto de una bata blanquísima, seguramente de la chica becaria que se quedaba  con Eduardo por la tarde. Después, escuchó unos ruidos, que a ella le parecieron muy extraños. Angélica se preguntó qué estarían haciendo pero su diminuto cerebro se distrajo con la brillante felicidad que estaba experimentando porque ya nadie la vería realizar su trabajo. En plena fiesta interina oyó, de pronto, un grito desgarrador, descomunal que rebotó por las paredes del laboratorio y un manotazo humano de placer tambaleó el cubo donde se hospedaba Angélica que logró escapar de su prisión de cinco estrellas con la seudotráquea callada al ver a sus compañeros moscardones que no habían corrido con la misma  suerte y que avistaban, desde lejos y envidiosos, el brillo azul metálico de las alas de Angélica.

FIN

Relato escrito por Juan Manuel Rodríguez de Sousa

martes, 11 de agosto de 2009

Autorretrato y reflexiones de egocéntrico (2)

 

Segunda Parte

El cine, la música y otras cosas

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(Para leer la Primera Parte pincha aquí)

No sólo la literatura me salvó de las horas suicidas, sino también el cine. Soy tan inconstante, que podría ver tres películas diarias durante una semana y no terminar una novela corta en más de un mes. Es mi mayor defecto y virtud. En realidad, es mi pareja eterna, aquella de la que nunca podré librarme. Soy inconstante pero tengo algo que la contrarresta: la paciencia; aunque hasta en esto me muestro inconstante. Puedo llegar a ser la persona más inquieta, la que no aguanta la espera de una cola para recoger un helado McFrury y la que, de repente, está dispuesto a esperar sentado en el autobús durante dos horas y con la mente en otro lado. Al otro lado del mundo. Me gusta reírme de la muerte. Llorar ante la alegría forzada o los sueños rotos asumidos con tristes sonrisas. Me gusta pasear y fijarme en las cosas que brillan, en los aceites de los talleres o en los escaparates capitalistas. Comprar libros, cosas antiguas. Investigar bibliotecas Caminar. Examinar el estado de los embalses todas las semanas. Leer periódicos. Mirar la bolsa, ¿para qué, sino tengo acciones? Engullir chocolate, Lacasitos, huesitos y Kitkat acompañados de Cocacola Light mientras escucho mis canciones favoritas. Me gusta pensar que mi gato entiende los versos que le escribo. Me gusta la música. Mejor, me desangro en ella como un gilipollas. El germen y lo onírico de mí lo hallo en el jazz y el blues (por eso de la inconstancia); la vida entera se me va entre el pop y el rock. La debilidad de mis raíces engarza con el flamenco y la copla. En la variedad de mis risas y vergüenzas ajenas ante lo comercial y decadente se encuentran algunas delicias nada deleznables; mi límite de escucha se sitúa en el rap; el horror solamente lo encuentro en el reggaeton. Bueno, horror no, más bien dolor de cabeza. Aunque al final las influencias perniciosas de los amigos y compañías me dejan a Mozart reservado en el sótano inescrutable al que nunca voy. Y Bruce Springsteen me lo encuentro en cada esquina de mi casa. Creo que he tenido sueños eróticos con él. Aunque tampoco estoy seguro si he corrido con esa suerte.

Me encanta la lluvia y los paraguas. De chico me daba igual mojarme hasta las pantorrillas, ahora me encharco como un cerdo no haciendo caso de la sociedad homogeneizadora. O quizás haciéndole demasiado caso. Los paraguas los utilizo para abrirlos en mitad de la casa y poner a mi madre atacá de los nervios. Odio el calor, ese calor veraniego que te entra hasta el alma quemándola y dejando tan solo desechos negros que no te permiten salir, ni pasear, ni ver a los amigos, ni escribir, ni leer; sin las ganas de asesinar al que apagó el aire acondicionado antes de irse pensando que tú no estabas en casa. Ni siquiera eso. Qué triste. Qué triste puede ser el calor.

 

Quizás el cine fuese algún antídoto contra ese ardor, esa autodestrucción. El problema de este (el cine) es que deja anulada la imaginación prestándosela al instante al director (o al guionista, o al intérprete, o la madre del cámara) que te maneja como una marioneta. Sólo la posterior interpretación da lugar al pensamiento inventado, porque el resto es tragar lo que te dicen y punto. Así que uno sólo tiene derecho a opinar sobre lo absorbido en la película que ha visto sobre el ordenador, o después de pagar la entrada de cinco euros en una sala de cine. Es mi pasión más arrebatadora, veo tanto cine, que a veces mi mente se colapsa entre las imágenes, pero es lo que hay, me encanta. Mis últimas averiguaciones me han proporcionado pistas a cerca de por qué me gusta tanto. Es sencillo. Es el medio por el cuál mi mente descansa, allí no hay entrenamiento cerebral, ni siquiera una mínima ilusión recreada por mí, sólo se encuentra la pantalla y yo. Si después decido escribir una crítica o una reflexión, eso es cosa aparte. Normalmente no lo hago, porque sería imposible escribir sobre todo lo que veo. Opinar sobre el cincuenta por cierto de mis horas dedicadas al ocio resultaría un aburrimiento. Como opinar sobre uno mismo, errático y poético al mismo tiempo, como en este mismo texto donde intento condensar una vida (aburrida) en tres metros de madejas letradas. ¡Qué patético, qué espejismo!

miércoles, 29 de julio de 2009

Maratón criticona de verano (1 tanda): Chéjov, Stevenson, Umbral, Poesía Árabe y Moro.

 

Primera tanda (5 libros)

Echaba de menos comentar algunos de los libros y películas que veo. Últimamente mi talante de crítico literario ha flojeado bastante por eso de cierra la boca y come, critica menos y escribe más. Más abajo inicié una lista de los libros que llevo leído este año. El método no es infalible porque tal lista hay que tenerla actualizada y yo llevaba casi un mes y medio sin colocar mis lecturas correspondientes, (la vagancia que uno trae adherida en el verano). Al final las he podido recordar casi todas  dejando en el banquillo dos o tres libros que cogí de la biblioteca y que han quedado olvidados. Me gustaría comprar todos los libros que leo, de este modo el olvido no sería tan inminente, pero para eso debería trabajar, y si trabajo no dispondría de tanto tiempo para leer. Conclusión: no olvidarme de hacer una lista. (Enlaces en violeta para conocer mejor al  autor o su obra).

Dicho esto, que casi no interesa nada ni a nadie, (más que a mí) comienzo esta maratón criticona. El violín de Rothschild y otros relatos (Anton Chéjov) es un libro imprescindible de este autor también imprescindible. El mismo cuento que da título al volumen, o el modernísimo de “El hombre enfundado” son realmente excepcionales. Casi me ha gustado más este tirón de cuentos que la más famosa saga de La señora del perrito y otros cuentos. En contraposición nos encontramos con El club de los suicidas (R.L. Stevenson); una novela corta de escaso valor literario, (eso es lo que me pareció). No me gustó, sobre todo el estilo, aunque debo reconocer algunas ideas muy originales y por extensión, perdonarlo pues fue este autor quién escribió la Isla del Tesoro. Absuelto entonces.

Si deseáis leer una novela para disfrutar de su estilo, de frases magistrales, de sorpresas gramaticales, de innovación y de un vocabulario exquisito os envío directo al mundo de Francisco Umbral. Hace un año leí una novela suya: El Giocondo que no me agradó demasiado, pero quedé conmocionado con la belleza de su lenguaje literario, esta vez, con más suerte me tope a Las ninfas. Una novela, quizás de las más cercanas a la ficción pura (aunque Umbral siempre toca su vida), graciosa, triste, real e imaginaria, subjetiva y que especialmente disfrutarán los escritores dado que gran parte de la obra discurre sobre la dudosa vocación de escritor del protagonista y algunos personajes secundarios. Las ninfas las fui alternando con una Selección de Poesía Árabe de sus autores capitales. Si os place voy a colocar algunos poemas que me sorprendieron por su belleza y sobre todo por su modernidad (teniendo en cuenta que los autores van del siglo IX al XI).

Debemos vernos sólo después del anochecer. / El sol es un chismoso, pero la noche/ Un chulo cuyas cortinas de burdel/ Protegen muchas citas.

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Sin llamarla, su imagen se curó,/ Mi pérdida cambió en una sensación/ de cercanía.

El sueño es una vieja puta que trae a mi/ amor a la cama/ Desde donde ella cálidamente descansa,/no importa lo lejos.

De Abdullah Ibn Almu’tazz

 

Ella abandonó mi lantiente corazón,/ Y éste forcejea en el lago de la ausencia. /

Dile a Narjess que debe rescatar a su víctima, /O será hallada culpable de asesinato por negligencia

De Abbas Ibn Al-ahnaf

Reíamos; nuestra risa delataba desprecio. / La gente en esta tierra debería vivir; con/ miedo./ Cuando los hombres estrechan la mano del tiempo, /el tiempo/ Los aplasta como vasos; pequeños trozos de cristal

De Abu Al-ala Al Ma’arri

Para terminar esta primera tanda os dejo con un poco de filosofía y literatura. Se trata de Utopía, (Tomas Moro). Me encantó. Mi afición por la Historia seguro que ha tenido algo que ver para quedarme fascinado por esta obra, sin duda, base de otras obras capitales que vinieron posteriormente. Con un estilo sencillo y claro nos adentramos en un mundo perfecto de la mano de uno de los pensadores más importante de toda la Humanidad.

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Y por ahora eso es todo, la segunda tanda versará sobre estos cinco libros: La colmena (Camilo José Cela); El Alquimista (Paulo Coelho); Vicente Aleixandre (Antología); El elogio de la locura (Erasmo de Rotterdam); Amuleto (Roberto Bolaño)

Artículo escrito por Juan Manuel Rodríguez de Sousa

lunes, 13 de julio de 2009

Autorretrato y reflexiones de egocéntrico (1)

 

PRIMERA PARTE

 

Soy un chico algo raro, algo extraño, algo, no sé. Ah, sí, algo normal, y algo grande. Escribo y estudio a tiempo parcial, y el resto del tiempo lo dedico a leer y escuchar discos parcialmente; Uno o dos capítulos, una docena de canciones. La escritura la inicié hace mucho, pero la seriedad creativa la descubrí en la efervescencia de mis diecinueve años. No es seriedad, es costumbre que se convertirá en disciplina, o eso espero con muy poca esperanza. Rozan mis líneas la prosa y poesía. Todavía no sé si las estrofas que escribo son mejores que los párrafos, dudando de cuales serán mis mejores amigos en un futuro, procuro no discriminar a lo poético, ni apartar deliberadamente a la prosa, mujer u hombre, acaso es lo mismo, acaso importa si son diferentes, si son iguales:

¿Quién dijo que la imparcialidad sólo podía ser matemática?

Me encanta recitar los poemas en voz alta, algunas veces hasta los aprendo de memoria para cantarlos al dios de las pequeñas cosas que me acompaña. No lo hago mal, pero no soy el mejor, existen voces más bonitas y fluidas con las que nunca podré competir. ¡Qué pena! Pero así me quedan el silencio de los versos que escribió Machado <<Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla>>. Él fue mi mejor maestro cuando las palabras todavía se me tropezaban en la lengua con los cordones de los zapatos desatados y las tristes estrofas que decían: “Se le vio, caminando entre fusiles” Y de allí me llevaron ebrio de placer poético al país lorquiano. Navajas flamencas, venganzas gitanas que iban y venían mientras estaban temblando los tejados, farolillos de hojalata.

Así, ebrio de Antonio, caminando como sonámbulo junto a Federico me aparecían en la manga los cuentos de Chéjov que me espabilaron y las frases largas y magistrales de un Márquez que vencerá al tiempo y al olvido con sus cien años de soledad, por mucho que a él le pese. En el salón se encontraban también Sinué, las novelas románticas y la tragedia shakesperiana. Esperándome con impaciencia las historias de un loco Alonso Quijano y escondiéndome mientras tanto en las aventuras de Galdós o naufragando como Robison Crusoe a su isla desierta. Allí, las disputas familiares, los cargos de conciencias, la decadencia física de mi cuerpo se volatilizaba en mil palabras, mundos y sucesos eternos. El límite no existía, pues aunque dispusiera de todo el tiempo del mundo, éste siempre quedaría insuficiente para la leer la cantidad de libros que me gustaría. Una biblioteca es lo más cercano al infinito, y lo más triste.

Autor: Juan Manuel Rodríguez de Sousa