A la gente le cae mal Pe
Hablar con la gente es un ejercicio de purificación intelectual. Depuradora insaciable de lo que te cuentan a través de unos medios corrompidos o irreales, o imprecisos si somos unos inocentes e ingenuos. Que yo lo soy, el primero. Porque ha sido en la calle donde he ratificado mis sospechas, donde he encontrado las pruebas irrefutables de que la envidia pulula todavía entre los españoles. Hablo de la envidia irracional, aquella que nos deja un poco al margen, sin saberlo, de la razón. Yo no la tengo precisamente. Este país en el que andarse por las ramas resultaría muy tentador pues se muestra un panorama muy suculento: hay mucho jugo sin exprimir en este tema envidioso; pronunciaré entonces mis estadísticas mágicas, pues los números a veces se explican mejor que las palabras: la mayoría de las personas que han visto Vicki Cristina Barcelona (aproximadamente) piensa que Penélope es lo mejorcito que ocurre en la errada película de Woody Allen. Otros no, lo cual también es respetable. Dirán ustedes, ¿qué tendrá que ver el tema de la envidia con Penélope? Pues ahora se lo demostraré.
La opinión de cada uno es respetable. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, lo que a mí me escandaliza, me sulfura, me irrita, me trastorna y en definitiva me lleva a escribir este artículo es que gente que no haya visto la película opine que Penélope no se merecía el Oscar. ¡Cómo se atreven a opinar! Yo sé el motivo: definitivamente, Penélope no cae bien. A mí tampoco me caía, y de hecho, en sus inicios, no creo que fuera de las actrices que más talento demostraron en el mundillo del cine español. Esa pinta de pija de ciudad, esa voz un poco “¿rechinosa?” y cara normalita, ese poco salero no la hacían santo de mi devoción. Ni santa para el martirio. Pero ¡cómo es la vida! Cuando desde abajo, y a la par en una carrera de novietes famosos, ha conseguido esa madrileña, pija, con voz repelente y cara vulgar abrirse camino en el mundo de la interpretación, y sobre todo, ha ido adquiriendo tablas para ejecutar papeles que muchas actrices más consagradas, más valoradas, premiadas y que también caen mejor al público, lograrán nunca alcanzar. Pero claro, no resulta muy indie, ni muy underground, primero, celebrar sin motivo a una compatriota (que eso del nacionalismo a ultranza siempre huele a chamusquina); y sobre todo, ir en contra de los oscar pues es una entidad vendida. Luego, no nos sonrojamos cuando ganan nuestras actrices predilectas un Oscar, porque ellas sí lo merecían; la Cruz, no.
¡Ay Penélope! dale gracias al Ministerio de Asuntos Exteriores que seguro que por él te llevaste el Oscar. ¡Ah! No te olvides de Allen, pues en Hollywood le quieren mucho, le hacen tanto la pelota, le hacen sentirse tan cohibido… que al final siempre acaba faltando a la gala más famosa del mundo cinematográfico. ¡Qué tímidín nos ha salido el neoyorquino!*
¿Por qué Penélope se llevó el Oscar?
Se lo llevó porque tuvo suerte. Tampoco hay ver más allá. Los Oscar no es una entidad que está por encima de la imparcialidad. Es evidente que existen actrices que lo hubieran merecido más, pero amén… no estaban nominadas. Yo he visto todas las películas con las que se enfrentaba, y creía firmemente que disponía de muchas posibilidades. Cualquiera de las cuatro podrían haberse visto premiadas. Con todo, la amenaza más directa, según mi punto de vista, provenía de Amy Adams.
Y otra cuestión, ¿por qué mucha gente fija su atención sólo en los Oscar? Hay más academias que premian, y la mitad de ellas se rindieron al personaje de Maria Elena. Entre los más importantes, con la película “Vicki..” Penélope cruz se ha llevado el Oscar, Bafta (academia británica), y el Independent Spirit Awars. Nominada también el Premio del Sindicato de Actores y a los Globos de Oro. Y no digo más, porque podría nombrar muchos premios, entre ellos un Goya.
Saliéndome por la tangente un poco, ¿no se merecían el Nobel de literatura Antonio Machado y Feredico García Lorca? Claro que se lo merecían, se lo merecían más que Vicente Alexaindre, pero eso no quita que Alexaindre no lo mereciera. Los premios, premios son, y ya está.
Sin embargo, a pesar de las críticas buenas y malas, del apoyo popular indeciso, estoy feliz de que este año, en referente a las actrices, hayan ganado las que yo quería, sobre todo, me alegré por Penélope, pero también por Kate Winslet. Pensandolo bien, esto posee doble mérito pues una de mis actrices fetiche, Angelina Jolie estaba nominada por el papelón que encarna en El Intercambio. Nada más con escribir Angelina se pone la piel de gallina. Ya sé, lo mío es demencia, pero me da igual. En fin, que odio a Brad Pitt. Ya está todo dicho. El motivo real de este artículo no era hacer una apología de la envidia, ni siquiera remacar los méritos de Penélope Cruz, ni hacer significar que los premios se equivocan, y mucho. No, no era esta mi intención secreta porque escribiendo me he dado cuenta de mis verdaderos sentimientos: confesar mi amor por la Jolie y mi odio hacia el rubito de los cojones. Por cierto, ¡Viva Pe!
*Para los no cinéfilos, Allen no es muy querido en su patria y en Hollywood menos todavía.